Dios suplirá todo lo que os falta!


Yo nunca te soltare!


¿No recordáis? ...Dios siempre suple!



¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?Marcos 8:17-18



En dos ocasiones Jesús alimentó a la multitud multiplicando los panes (Marcos 6:34-44; 8:1-9), porque tuvo compasión de ella. Satisfizo dos clases de necesidades:
–Sus necesidades espirituales: “eran como ovejas que no tenían pastor”.
–Sus necesidades materiales: “ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer”.

Jesús recurrió a los discípulos para distribuir ese alimento a la multitud. Pero, rápido, quizás al día siguiente, esos mismos discípulos parecían no recordar lo que el Señor había hecho. Habían olvidado el poder y la gracia que manifestó al dar pan a la multitud. ¡Hablaban entre ellos como si aquel que sació a miles de personas no fuese capaz de dar pan al pequeño grupo de discípulos que se encontraba con él en la barca!

Falta de fe, olvido o desconocimiento de su amor y de su poder, ¡todo esto estaba en los discípulos! Y muy a menudo se halla también en nosotros. ¡Cuántas veces olvidamos todo lo que Jesús hizo! Estamos preocupados por nuestra vida y nuestro cuerpo (Mateo 6:25). Recordemos todo lo que Dios ha hecho por nosotros; y así, en todas las circunstancias, esto fortalecerá nuestra confianza en él y nuestro amor por él.
“Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:2).
“Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús” 
(2 Timoteo 1:13).

En la peluquería



Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas.Romanos 1:20
(Jesús dice:) No queréis venir a mí.Juan 5:40



La conversación del peluquero no parecía interesar mucho al cliente. Entonces empezó a hablar de cosas más serias. Dijo:
–Cuando pienso en todos los crímenes, violaciones, atentados y guerras que se multiplican, me digo: No hay Dios, porque si lo hubiera, no ocurriría todo eso.
Los esfuerzos no sirvieron para nada, pues el tema tampoco sacó al cliente de su aparente indiferencia. Apenas salió de la peluquería, el cliente encontró en la calle a un hombre de pelo largo y barba desordenada. En seguida regresó y dijo al peluquero:
–Los peluqueros no existen…
–¿Cómo? ¿Entonces yo qué soy?
–Si los peluqueros existiesen, en este mundo no habría hombres mal afeitados y con pelo largo como este hombre que está pasando.
–Claro que los peluqueros existen, pero algunos los ignoran.
–Lo mismo ocurre con algunos que dan la espalda a Dios y no quieren creer en él. ¿Será usted uno de ellos?
La Biblia llama “necio” a aquel que niega la existencia de Dios (Salmo 14:1). También declara que el hombre no tiene “excusa” para no reconocer a Dios en la obra de la creación (Romanos 1:20). 
Pero sobre todo nos muestra cómo Dios se reveló al hombre dando a su único Hijo, Jesucristo: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”
(Romanos 5:8).


La fe es para pequeños y grandes


Tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.Apocalipsis 5:9

Una medalla Fields es la más prestigiosa distinción para un matemático. Cuando en el año 2002 Laurent Lafforgue la recibió, toda la atención se centró en él. Pero, para sorpresa de muchos, Laurent Lafforgue era un verdadero creyente. Estas fueron sus palabras: «Mi relación con Dios es poco emocional; la razón desempeña un papel muy importante. Busco lo más profundo, lo más importante».

A la inversa de los que sólo ven oposición entre ciencia y fe, el matemático ve sobre todo semejanzas: «La fe, dice él, tiende a la verdad, y la ciencia también. No se puede investigar sin creer en la existencia de la verdad. Las matemáticas no las hace uno solo, sino colectivamente. Es igual que la fe, uno no puede vivirla solo… En matemáticas, nunca hay que perder de vista los problemas centrales; lo mismo sucede en cuanto a la fe: siempre tuve el profundo sentimiento de que existe lo más esencial de todo: Cristo. Creo poder decir: Amo a Cristo. Amo a la persona de Cristo».

Nos agrada leer el testimonio de un hombre erudito, pero el testimonio del hombre más sencillo también tiene su valor. La fe cristiana es universal. Hombres y mujeres de todos los países y culturas la han recibido: personas instruidas y personas ignorantes, pobres y ricos, niños, adultos y ancianos, científicos y artistas.
“¿Me amas?”, preguntó el Señor Jesús a Pedro. Que podamos responderle: “Sí, Señor; tú sabes que te amo” (Juan 21:16).

Dios no se impone, sino que invita


He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Apocalipsis 3:20
Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
Juan 20:29

Hay una frase que a veces oímos y que nos deja pensativos: «¿No sería más sencillo si Dios se revelase de una vez a todo el mundo?».

La Biblia nos enseña que Dios lo puede todo. Podría imponer su presencia, pero no lo hace hoy, pues desea hablarnos de otra manera. Cuando los soldados detuvieron a Jesús, los ángeles hubieran podido liberarlo, pero él no quiso. Después de su resurrección Jesús habría podido aparecer triunfalmente y confundir a sus detractores, pero sólo se dio a conocer a los suyos, sin llamar la atención. Sus discípulos Pedro y Juan creyeron en su resurrección cuando vieron su tumba vacía. María Magdalena reconoció a Jesús por su voz. Otros dos discípulos comprendieron que Jesús estaba ante ellos cuando repartió el pan.

Tenemos todo lo necesario para creer en Jesús, si leemos los evangelios con la mente y el corazón abiertos, dispuestos a aceptar la verdad. Un milagro de Jesús no cambiaría nada para el que no quiere creer, pues mientras Jesús estuvo en la tierra hizo muchos milagros, y a menudo la gente no creyó. Dios nos invita a tener una relación de confianza con él, pero no nos obliga. Ordena a todos los hombres, en todos los lugares, que se arrepientan.
Creer en Dios no es sólo creer que existe. También es creer en su amor. El amor no se impone, sino que se recibe.

Sostén mi mano



SOSTÉN MI MANO y camina gozoso conmigo a lo largo de este día. Juntos disfrutaremos de los placeres y soportaremos las dificultades que traiga el día. Pon atención para descubrir lo que he preparado para ti: paisajes impactantes, aires de aventura fortificantes, rincones acogedores para descansar cuando estás rendido y mucho más. Yo soy tu guía así como tu compañía constante. Conozco cada detalle en el camino que tienes por delante hasta llegar al cielo.

No tienes que elegir entre estar cerca de mí o mantenerte caminando. Toda vez que Yo soy el camino, permanecer cerca de mí es mantenerte andando. Si concentras tus pensamientos en mí podré guiarte con todo cuidado durante la jornada de hoy. No te preocupes por lo que vayas a encontrar en el próximo recodo del camino. Solo concéntrate en disfrutar de mi Presencia y mantente caminando conmigo.

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
—Juan 14.6

Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento.
—Colosenses 4.2 (NVI)

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