Recréate en la Paz de Mi Presencia




Esta paz puede ser tu porción en todo tiempo y en toda circunstancia. Aprende a refugiarte en lo secreto de mí incluso cuando estás ocupado atendiendo a tus deberes. Yo estoy contigo y en ti; además, voy delante de ti abriéndote camino y también junto a ti. Nunca encontrarás un compañero tan fiel como yo.

Debido a que soy tu compañero constante, debería haber una agilidad en tu caminar que todos lo noten. No te recargues con problemas y asuntos pendientes porque yo te estoy ayudando a llevar la carga. En el mundo siempre tendrás pruebas y aflicciones pero no dejes que te aplasten. Yo he conquistado el mundo y le he quitado el poder que podría tener para hacerte daño. En mí puedes tener una paz auténtica.

¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas.
—Salmo 31.19–20

Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.
—Juan 16.33 (NVI)

La fe es para pequeños y grandes





Tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.
Apocalipsis 5:9


Una medalla Fields es la más prestigiosa distinción para un matemático. Cuando en el año 2002 Laurent Lafforgue la recibió, toda la atención se centró en él. Pero, para sorpresa de muchos, Laurent Lafforgue era un verdadero creyente. Estas fueron sus palabras: «Mi relación con Dios es poco emocional; la razón desempeña un papel muy importante. Busco lo más profundo, lo más importante».

A la inversa de los que sólo ven oposición entre ciencia y fe, el matemático ve sobre todo semejanzas: «La fe, dice él, tiende a la verdad, y la ciencia también. No se puede investigar sin creer en la existencia de la verdad. Las matemáticas no las hace uno solo, sino colectivamente. Es igual que la fe, uno no puede vivirla solo… En matemáticas, nunca hay que perder de vista los problemas centrales; lo mismo sucede en cuanto a la fe: siempre tuve el profundo sentimiento de que existe lo más esencial de todo: Cristo. Creo poder decir: Amo a Cristo. Amo a la persona de Cristo».

Nos agrada leer el testimonio de un hombre erudito, pero el testimonio del hombre más sencillo también tiene su valor. La fe cristiana es universal. Hombres y mujeres de todos los países y culturas la han recibido: personas instruidas y personas ignorantes, pobres y ricos, niños, adultos y ancianos, científicos y artistas.
“¿Me amas?”, preguntó el Señor Jesús a Pedro. Que podamos responderle: “Sí, Señor; tú sabes que te amo” (Juan 21:16).

¡No mas pruebas por favor!



Escrito por: Magnolia

Esta tarde recibí un correo electrónico con la siguiente pregunta: “Magnolia, ¿hasta cuándo se terminarán las pruebas de Dios?” Todos sin excepción hemos pasado por momentos en los que conscientemente o no nos hemos sentido abrumados por las circunstancias y no vemos la luz al final del tunel. Quise traer este asunto a mi blog porque la respuesta puede ayudar a más de uno (inlcuyéndome a mí!). Lo que quiero compartir contigo no es una perspectiva nueva para tus problemas, sino una provocación para que tu visión personal en medio de las pruebas sea transformada. De no ocurrir este proceso, permanecerás sobreviviendo a las dificultades cuando fuiste creado para triunfar y sobresalir por encima de cualquier reto.

Sí, es muy fácil exclamar: “¡Ooooleeeee!” cuando vemos el toro sentados desde las gradas, pero la cosa cambia cuando es a nosotros a quienes nos toca estar en el ruedo. Encontrar una vía de escape no es la solución, ni tampoco intentar desaparecer al novillo de la corrida. En este escenario, lo que en realidad tiene que ocurrir es que el carácter de “matador” sea forjado en ti, para desarrollar la faena con esplendor hasta dar la estocada final, que te llevará a otra corrida de toros en un nivel de mayor dificultad y gloria.*  Partiendo de esto, me atrevo a replantear la pregunta inicial. No se trata de “hasta cuándo se terminarán las pruebas de Dios”, sino ¿hasta cuándo voy yo a permitir que el carácter requerido sea conformado en mi ser para que yo viva en victoria permanente? ¡Uf, creo que esto cambia la cosa! ¿No es así? **

Buscar que las pruebas terminen es de humanos, yo también he estado ahí pidiéndole a Dios un “descanso”  . Sin embargo, las pruebas no han dejado de venir y me he convencido de que orar así está fuera de contexto. Se trata entonces, de ser transformados y comprobar el poder de Dios EN y A TRAVÉS de nuestras vidas. Así que si hemos recibido la adopción y somos Sus hijos, está de por medio el pacto que ha hecho con nosotros de no solo poner sus leyes en nuestras mentes, sino también de escribirlas en nuestro corazón. El compromiso que ha hecho contigo es de hacer que Su Palabra sea carne en ti (no solo que te la sepas de memoria) y el proceso aunque resulte doloroso, producirá fruto apacible de justicia que es el carácter de UN HIJO.

No me mal entiendas, el Padre no te quiere en un tormento constante para que aprendas a hacer Su voluntad. Muy al contrario, lo que Él desea para ti es que pruebes y compruebes la victoria eterna que compró para ti en Cristo. En Su visión no hay problema, tras problema, sino victoria tras victoria y  éxito tras éxito en todas las áreas de tu vida. ***

De tal forma que me atrevo a responder la pregunta inicial con otras preguntas. Mi intención no es darte una receta para tus conflictos  sino desatar la reflexión sobre este asunto para que lo puedas procesarlo conversando con tu Papá que siempre te escucha.

1. ¿Quién es responsable de tu vida hoy?
Si lo que estás pensando es la mismo que yo, entonces coincidimos en que no estamos en un barco a la deriva. En lo bueno que me sucede, en los errores que cometo y hasta en las condiciones adversas que no comprendo, tengo quien dé la cara por mí. Yo no soy cualquier persona, soy Su hijo amado.  (Isaías 43:1-4)

2. ¿Qué propósito tienen estas y cada una de las circunstancias que vienen a tu vida?
La tendencia natural de nuestra lógica nos lleva a buscar una razón a lo que nos ocurre. En ese laberinto solemos perdernos muchos de nosotros y hasta caer en depresión al no encontrar respuestas concretas. Por otro lado, buscar  comprender el propósito de Dios para el que esas situaciones están frente a ti te posiciona en una perspectiva de HIJO que te permitirá dar inicio al proceso de tu transformación.  (Rom. 8:28)

3. ¿Vas a permitirle a Dios transformarte?
Dios te ha llamado a que seas Su hijo y lo que se requiere de ti es tu disposición para que seas conformado. Las pruebas por sí mismas, no transforman a nadie; es Su Palabra la que como espada de dos filos penetra hasta partir el alma y el espíritu. Así que no se trata solo de decir que SI, sino de participar conscientemente en el proceso que va a implementar que se forje en ti el carácter de Cristo.  (Juan 1:12)

“Padre:
Aunque no comprenda lo que está ocurriendo a mi alrededor, yo te creo y te reconozco como el responsable de mi vida. Gracias por ayudarme a ver que no eres tú el que produce los problemas pero eres quien está presente para salvarme y asegurar que yo tenga éxito.   Confieso que mi perspectiva de las pruebas no ha sido la correcta y esto ha provocado desgaste y cansancio en mi ser. Quiero ser transformado y que cada circunstancia que enfrento cumpla tu propósito de conformar en mi a UN HIJO.  En Cristo Jesús. Amén”.

*Juan 16:33
** Romanos 12:2
**Salmos 84:7;  Romanos 8:37

Remedio para tus males



Cuando las horas de desaliento te invadan el alma, y las lágrimas afloren en tus ojos, búscame:

YO SOY AQUEL que sabe consolarte y pronto detiene tus lágrimas.

Cuando desaparezca tu ánimo para luchar en las dificultades de la vida, o sientas que estás pronto a desfallecer, llámame:

YO SOY LA FUERZA capaz de remover las piedras de tu camino y sobreponerte a las adversidades del mundo.

Cuando, sin clemencia, te encontrarás sin donde reclinar tu cabeza, corre junto a mi:

YO SOY EL REFUGIO, en cuyo seno encontrarás guarida para tu cuerpo y tranquilidad para tu espíritu.

Cuando te falte la calma, en momentos de gran aflicción, y te consideres incapaz de conservar la serenidad de espíritu, invócame:

YO SOY LA PACIENCIA que te ayudará a vencer las dificultades más dolorosas y triunfar en las situaciones más difíciles.

Cuando te debatas en los misterios de la vida y tengas el alma golpeada por los obstáculos del camino, grita por mí:

YO SOY EL BÁLSAMO que cicatrizará tus heridas y aliviará tus padecimientos.

Cuando el mundo sólo te haga falsas promesas y creas que ya nadie puede inspirarte confianza, ven a mí:

YO SOY LA SINCERIDAD, que sabe corresponder a la franqueza de tus actitudes y a la nobleza de tus ideas.

Cuando la tristeza o la melancolía intenten albergarse en tu corazón, clama por mí:

YO SOY LA ALEGRÍA que te infunde un aliento nuevo y te hará conocer los encantos de tu mundo interior.

Cuando, uno a uno, se destruyan tus ideales más bellos y te sientas desesperado, apela a mí:

YO SOY LA ESPERANZA que te robustece la Fe.

Cuando la impiedad te revele las faltas y la dureza del corazón humano, aclámame:

YO SOY EL PERDÓN, que te levanta el ánimo y promueve la rehabilitación de tu alma.

Cuando dudes de todo, hasta de tus propias convicciones, y el escepticismo te aborde el alma, recurre a mí:

YO SOY LA FE que te inunda de luz y de entendimiento para que alcances la FELICIDAD.

Cuando ya nadie te tienda una mano tierna y sincera y te desilusiones de los sentimientos de tus semejantes, aproxímate a mí:

YO SOY LA RENUNCIA que te enseñará a entender la ingratitud de la humanidad y la incomprensión del mundo.

Y cuando al fin, quieras saber quién soy, pregúntale al río que murmura, al pájaro que canta, a las estrellas que titilan.

YO SOY LA DINÁMICA DE LA VIDA, Y LA ARMONÍA DE LA NATURALEZA.

ME LLAMO JESUS, EL QUE POR AMOR TE LO DOY TODO! ...Y ESE MISMO AMOR,  SERA EL REMEDIO PARA TODOS LOS MALES QUE ATORMENTEN TU ESPÍRITU.

Ven a mí... que yo te llevaré a las serenas mansiones del infinito... bajo MI luz brillantes de la eternidad...

Atentamete, Jesus.

Ven a mi...



VEN A MÍ con un espíritu dispuesto, deseoso de cambiar. Caminar cerca de mí es vivir una continua renovación. Al entrar a un nuevo año no te aferres a viejas costumbres. En lugar de eso, busca mi rostro con una mente abierta sabiendo que el ir juntos significa que serás transformado por la renovación de tu mente. Al concentrar tus pensamientos en mí, ten la seguridad que tienes toda mi atención. Mis ojos están permanentemente sobre ti porque el alcance de mi vista es infinito. Yo te conozco y te entiendo. Mis pensamientos te rodean con un amor perdurable. También conozco los planes que tengo para ti, planes para tu prosperidad y no para causarte daño, planes para darte esperanza y un futuro. Entrégate por completo a esta aventura de ser más y más consciente de mi Presencia.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
—Romanos 12.2

Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.
Jeremías 29:11

Cuando las cosas parecen ir mal





CUANDO LAS COSAS PARECEN ir mal, detente y confirma tu confianza en mi. Con tranquila seguridad tráemelas y déjalas en mis manos poderosas. Después de hacer esto, sencillamente atiende al siguiente asunto de tu agenda. Mantente en contacto conmigo a través de tus expresiones de gracias, oraciones de confianza, descanso en mi control soberano. Regocíjate en mí, en el Dios de tu salvación. Aunque confías en mí, El Señor Dios es quien te hace estar fuerte. Te dará la velocidad de un venado y te conducirá con seguridad sobre la altura de las montañas.

He aquí, aunque él me matare, en él esperaré; no obstante, defenderé delante de él mis caminos.
—Job 13.15

Da a mis pies la ligereza del venado, y me mantiene firme en las alturas.
—Salmo 18.33 (NVI)

Aunque las higueras no florezcan y no haya uvas en las vides, aunque se pierda la cosecha de oliva y los campos queden vacíos y no den fruto, aunque los rebaños mueran en los campos y los establos estén vacíos, ¡aun así me alegraré en el SEÑOR! ¡Me gozaré en el Dios de mi salvación! ¡El SEÑOR Soberano es mi fuerza! Él me da pie firme como al venado, capaz de pisar sobre las alturas.
—Habacuc 3.17–19 (NTV)

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