Tweets ~ Cortos Pensamientos



* Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. 

* El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. 1° Juan 2:10 

* Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. 

* SEÑOR hazme fuerte para recibir los golpes que me da la vida. 

* SEÑOR anda conmigo y déjame saber que así es. 

* SEÑOR haz de mi un instrumento de tu voluntad. 

* Los que buscan a Dios, no tendrán falta de ningún bien. Salmos 34:10 

* Si no puedes dormir, en lugar de contar ovejas habla con Dios.

* SEÑOR, dejo en tus manos mis luchas, mis necesidades, mis problemas, mis deseos y mis esperanzas. ¡ Jesús en ti confío !

* Vivirás tranquilo, porque hay esperanza; estarás protegido y dormirás confiado. Job 11:18

* La oración eficaz del justo puede mucho. Stg 5:16b

* Busquen a Dios, y vivirá vuestro corazón, Salmos 69:32

* Puedes irte a dormir sin miedo; te acostarás y dormirás profundamente. Prov 3:24

* ¡TÓMATE TIEMPO PARA CONOCER LA VOLUNTAD DE DIOS!

Superar los retos



Muchas veces, pensamos en confiar en Dios para ­cosas que necesitamos o queremos, tales como: la provisión financiera, la sanidad física, la restauración de relaciones personales, el ascenso en el trabajo, la vivienda, una gran oportunidad o el ganar algún tipo de competencia.
Una verdadera relación de confianza en Dios se extiende más allá de confiar en Él para algo. Necesitamos aprender a confiar en Él a través del proceso de obtener lo que deseamos.

Hubo un tiempo en mi vida cuando me enfocaba intensamente en confiar en Dios para obtener cosas, al decir: “Quiero esto, Dios”, y “Necesito esto y esto otro, Dios”. Él comenzaba a enseñarme que obtener todas esas cosas no era el asunto más importante en mi vida.

Él deseaba enseñarme cómo confiar en Él lo suficiente como para caminar a través de las situaciones con estabilidad y buena actitud, de manera constante. Necesitaba que yo aprendiera que puede que Él no siempre nos rescate cuando queremos salir de nuestras circunstancias, pero Él siempre está con nosotros a medida que caminamos a través de ellas.

Dios no siempre nos libera de todo cuando pensamos que debería. A través de su Palabra, leemos de personas que tuvieron que pasar por experiencias. Un pasaje familiar para muchas personas es el Salmo 23:4 que dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. El Salmo 66:12 dice: “Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia”.

El profeta Isaías, hablando por Dios dijo: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Isaías 43:2).

Una de las historias que encontramos más asombrosas sobre confiar en Dios a través de los problemas es el recuento de tres valientes jóvenes llamados Sadrac, Mesac y Abed-nego.

El rey Nabucodonosor del Viejo Testamento amenazó con echarlos al horno de fuego donde de seguro se quemarían vivos si no adoraban a sus ídolos. Estos respondieron:

“He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18). El enojado rey echó en el horno a los tres hombres, después de ordenar que calentaran el fuego siete veces más de lo acostumbrado. Las llamas estaban tan calientes que calcinaron a los empleados del rey que echaron a los tres jóvenes.

Cuando Nabucodonosor miró y vio dentro del horno, dijo asombrado: “He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses” (Daniel 3:25). El rey llamó a los tres hombres para que salieran del horno, y, cuando salieron, ni uno de sus cabellos se había quemado, ni tan siquiera olían a quemado.

Este testimonio de atravesar una dificultad en absoluta confianza en Dios ha inspirado a generaciones de personas. Hoy día, nos animamos con el hecho de que Sadrac, Mesac y Abed-nego enfrentaron una terrible situación, una de la cual podemos asumir que querían ser liberados. Muchos piensan que el cuarto hombre que estaba con ellos en el horno de fuego fue Jesús preencarnado.

Mientras seguimos su ejemplo, podemos pasar pruebas con actitudes estables y positivas confiando en Dios completamente, aun en lo que parece imposible.

Su actitud, ya sea buena o mala, está bajo su mando en toda situación. Mas le animo a que mantenga una actitud de fe, adoración, agradecimiento y expectación positiva y, definitivamente, atravesará su situación victoriosamente.


Vida en la Palabra
Joyce Meyer

Mirar hacia adelante



En Filipenses 3:13, el apóstol Pablo dice que una de las cosas que se esforzó por hacer fue “olvidar lo que queda atrás”. Pienso que Pablo trató de arreglar errores que había cometido antes y descubrió lo complicado e imposible que era. Sólo hay una cosa que podemos hacer con el pasado y es ¡dárselo a Dios!

Cuando permitimos que Dios tome control de nuestros desórdenes y los torne en milagros, el Padre tiene la habilidad de usar los errores que cometemos para nuestro bien, si sólo confiamos en Él.

Isaías 61:3 dice que nos “dará gloria en lugar de ceniza”, pero encuentro que muchas personas se aferran a sus cenizas, las cenizas del pasado, aquellas que les recuerdan sus defectos y fracasos. Por tanto, quiero animarlo a tomar la decisión de dejar sus cenizas. Cada día es un nuevo día repleto de tremendas posibilidades, nueva vida, nuevas esperanzas, nuevos sueños.

¿Necesita una segunda oportunidad? Pídale a Dios una segunda, tercera, cuarta o quinta, la que sea que necesite. Dios está lleno de misericordia y resignación. Su bondad nunca falla ni tiene fin. Si llevamos la cuenta de todos nuestros defectos y fracasos, nos sentiremos oprimidos.

Jesús vino a quitar las cargas, pero tenemos que estar dispuestos a dejarlas ir y creer que Él es más grande que nuestros errores.

No creo que Dios es tan difícil de complacer como a veces pensamos. Después de todo, no lo sorprendemos. Él sabía todo de nosotros antes de invitarnos a tener una relación con Él.

Si siente que su vida es complicada, entonces quizás es que es muy exigente consigo mismo. Dese una oportunidad. Dios ve su corazón y siempre está dispuesto a trabajar con cualquiera que se rehúsa a darse por vencido.

Es importante dejar de pensar en el pasado para poder ver el plan de Dios para hoy. La Biblia está llena de historias sobre personas que han experimentado nuevos comienzos. Recibir a Jesús como nuestro Salvador es el máximo nuevo comienzo. Somos nuevas criaturas con una oportunidad para aprender una nueva manera de vivir.

Efesios 4:23 dice que los cristianos deben renovar constantemente su mente y actitudes. Si alguna vez pensó o mostró una actitud pensando que era muy tarde para tener una buena vida, buenas relaciones, o esperanza para el futuro, entonces necesita renovar su mente rápidamente.

Escoja pensar de acuerdo a la Palabra de Dios y no como se siente. Nadie es un fracaso a menos que opte por dejar de tratar. La vida se torna más dulce y fácil si vivimos con la actitud que dice: “Haré lo mejor que puedo hoy y confiaré en que Dios hará el resto. Mañana comenzaré de nuevo y nunca me daré por vencido”.

Puede simplificar su vida al aprender a desarrollar confianza. Muchas veces, no nos permitimos confiar. No confiamos en nuestros esposos, en nuestros hijos y, si somos sinceros, muchas veces no confiamos que Dios hará lo que ha dicho.


Quizás necesita mirar hacia arriba y a su alrededor, en lugar de hacia atrás y hacia abajo. Levante la mirada y vea el increíble futuro que desata esperanza para usted en Dios.

No pase su vida lamentándose por lo que ha perdido y lo que ya se ha ido; haga un inventario de lo que le queda y siga hacia delante. La persona que confía en Dios sabe que aunque las cosas no salgan de la manera que esperaba, Dios tienen un mejor plan si confía en Él (lea Salmo 37:5).

Confiar en Dios trae descanso sobrenatural a nuestras almas, lo que nos permite vivir simple y libremente, de la manera que Él quiere que vivamos. La confianza crece mientras damos pasos de fe y experimentamos la fidelidad de Dios. Deje ir lo que quedó atrás, ¡entre a una nueva etapa de confianza en Dios!


Vida en la Palabra
Joyce Meyer


Alza tu mirada




Es en esa posición de impotencia, abandono o descontrol que alzamos nuestros ojos al cielo.

Cuando éramos niños, en ocasiones, mi padre solía recitar con nosotros el Salmo 121 cada vez que salíamos fuera de nuestra casa. Mientras lo recitaba, venía a mi mente la estampa vívida del lugar montañoso donde vivía. Desde el balcón de mi casa, podía ver los montes adyacentes, con algunas casas y calles. Pero mi vista sólo alcanzaba ver la parte interior de esos montes, no podía ver lo que pasaba al otro lado del monte, o si alguna persona o vehículo se aproximaba, hasta que llegaban al lado donde sí podía ver.

Así como el salmista dice: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?” (v. 1), muchas veces, hay montes que se levantan en nuestra vida, que nos impiden ver lo que pueda estar pasando al otro lado o lo que pueda estarse acercando. Es como si estuviéramos en medio de ese valle de desolación y sólo a nuestro alrededor hay montañas que nos impiden salir de él o ver si viene la ayuda de camino.
En ocasiones, los montes pueden ser mucho más altos a nuestra vista, y sólo estamos mirando a ver por dónde puede estar la salida. Estamos esperando ver esa luz a la distancia que nos indique el camino a seguir. Por eso, tendemos a mirar hacia arriba y decir entre sí: “¿Cómo podré salir de esta situación?”,“¿Quién podrá ayudarme a salir de esto?”, “¿De dónde vendrá mi socorro?”.

Sin embargo, es en esa posición de impotencia, abandono o descontrol que alzamos nuestros ojos al cielo. Nuestra posición nos obliga a tener que alzar nuestra mirada y exclamar: “Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra” (v. 2).

Hay alguien mucho más grande que yo, más grande y más alto que el monte que se levanta en mi vida, y tiene que estar arriba en los cielos. Tiene que ser el Dios creador de los cielos y la tierra, quien habita en las alturas y mira desde los cielos a la tierra y acude al socorro de su criatura (ver Sal. 14:2; 33:13; 53:2; 85:11; 102:19). Él es siempre nuestro oportuno socorro, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (ver Heb. 4:16; Sal. 46:1). Así como vemos la tierra, plana y redonda, desde la cámara potente de alguna nave espacial (como cuando vemos algún documental por la televisión), así mismo ve Dios la tierra desde las alturas. ¡Las montañas no se ven como montañas! Desde arriba no se puede apreciar cuán alta es la montaña. Así que a Dios no le impresiona nada de eso. ¡Él se enfoca en ti y solamente en ti!

Por eso es que no tenemos por qué estar atemorizados. Nuestro Dios es alto y sublime, pero también está accesible a nosotros. Él ha dicho: «Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre, ni por siempre estaré enojado, pues decaerían ante mí el espíritu y las almas que yo he creado...Produciré fruto de labios: Paz, paz para el que está lejos y para el que está cerca», dice Jehová. «Yo lo sanaré» (Is. 57:15-16, 19). Dios tiene cuidado de sus criaturas, de sus hijos. Sólo espera que le abramos el corazón.

La única manera en que Dios puede habitar dentro de nosotros es pidiéndole a Él que venga y haga morada en nosotros; y Él lo hace por medio de su Espíritu. Nuestro espíritu está anhelando conectarse con Él para ser reavivado; nuestro corazón, nuestra mente y nuestros pensamientos también anhelan ser vivificados. Sólo así se podrá producir en nosotros la paz, el descanso y la confianza que necesitamos tener cuando las situaciones difíciles nos rodean como montes a nuestro alrededor.

Anímate a levantar tu rostro, a enfocar tu mirada en Aquel que es tu socorro. Cuando te enfocas en los cielos, lo demás a tu alrededor se vuelve insignificante. Confía de todo corazón en Dios, quien te creó y te conoce, aun desde antes que existieras en este mundo. Él está ahí para sostenerte, para ayudarte y para darse a conocer tal como Él es: el Dios de paz, el Dios que provee, el Dios que sana y el Dios que te bendice.

La Primera Palabra
Lydia C. Morales
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